Mi web estaba caída. La recuperé y la rehice en una tarde, conversando con la IA
Un domingo descubrí que leonardobianchi.com no existía. Esa misma tarde la recuperé, la rediseñé y la preparé para que la IA me encuentre. Sin escribir una línea de código a mano.
Un domingo quise retomar mi web y descubrí que no existía. Escribías leonardobianchi.com y no pasaba nada. Ni siquiera un error elegante. Nada. Como llegar a una fiesta y descubrir que eras el único invitado.
No era un hackeo ni un servidor caído. Era algo mucho más aburrido: el dominio había perdido sus registros DNS, esas líneas que le dicen a internet dónde vive tu sitio. La web seguía publicada en algún lado, pero nadie podía llegar a ella.
Antes, arreglar algo así me habría costado una semana de correos con algún proveedor. Esta vez lo resolví esa misma tarde, conversando con la IA. Y no solo lo arreglé: terminé con una web completamente nueva.
Paso 1: el diagnóstico, en minutos
Le pedí a Claude Code que averiguara qué había pasado. En unos minutos tenía el diagnóstico completo: el dominio estaba al día, la web vieja seguía publicada, y el código original estaba en un repositorio mío de 2024 del que ni me acordaba.
No tuve que saber qué era un registro DNS. Tuve que saber qué preguntar.
Paso 2: primero clonar, después mejorar
Mi primer instinto fue rehacer todo. Lo correcto era otra cosa: primero volver a tener lo que tenía, exactamente igual. Recién después, mejorarlo.
La IA reconstruyó el sitio viejo tal cual estaba, lo publicó, y me dio los registros exactos para apuntar el dominio. Mi único trabajo manual fue copiar tres líneas en el panel del dominio. Lo hice con la concentración de alguien desactivando una bomba.
Paso 3: rediseñar conversando
Aquí vino lo entretenido. No hice un brief ni abrí Figma. Fui conversando:
- "Quiero algo minimalista, como las webs de las startups de Silicon Valley." Primera versión: oscura, con cuadrícula, muy tech.
- "Sin logo, solo el nombre." Fuera el isotipo.
- "Más minimalista, pero orgánico, como mis notas en el iPad." Apareció esta versión: una columna, mucho aire y anotaciones a mano.
- "Que la letra se parezca más a la mía, con irregularidades." Me mostró ocho letras manuscritas y elegí la que más se parecía a la mía.
Cada idea la veía funcionando en segundos. Cuando algo no me gustaba, lo decía y se cambiaba. Eso es el vibe coding: construir software conversando, enfocado en el qué y no en el cómo.
Paso 4: prepararla para que la IA me encuentre
Hoy la gente no solo busca en Google: le pregunta a ChatGPT o a Perplexity. Así que le pedí una última cosa: que la web le explique claramente a las IA quién soy y de qué sé. Datos estructurados, un archivo pensado para modelos de lenguaje y permisos para sus buscadores. Todo invisible para el visitante, pero muy visible para las máquinas.
Lo que aprendí
- El cuello de botella ya no es técnico. Es saber qué quieres y decirlo con claridad.
- Primero recupera, después mejora. Rehacer todo desde cero es tentador, pero arriesgado.
- Decidir sigue siendo tu trabajo. La IA propone; el criterio de qué se ve bien y qué me representa sigue siendo mío.
Hace cinco años me tomó dos meses
La última vez que hice esta web fue hace cinco años. La armé con Hugo, un generador de sitios hecho en Go, el lenguaje de programación que estaba aprendiendo en ese momento. Estaba tan entusiasmado que la programé entera a mano: cada página, cada menú, cada detalle, escrito directo en el código.
Me tomó cerca de dos meses.
Esta vez, en un par de horas, terminé con algo mucho mejor.
Y no lo digo con nostalgia. Esos dos meses peleando con Go me enseñaron cómo funciona una web por dentro, y eso fue justamente lo que me sirvió para saber qué pedir y darme cuenta cuando algo no estaba bien. La diferencia es que hoy el tiempo se me va en lo que importa: decidir qué quiero decir, no pelear con el código para poder decirlo.