La oficina no murió. Murió la mala oficina.
Desde la pandemia escuchamos que la oficina está muerta. Desde mi lugar, diseñando espacios de trabajo, veo otra cosa: murió la oficina que no tenía una razón para existir. Y la IA lo va a acelerar.
Desde 2020 escucho la misma sentencia: la oficina está muerta. Trabajo remoto para siempre, y los edificios, vacíos.
Desde mi lugar, diseñando espacios de trabajo en Dunati, veo otra cosa. La oficina no murió. Murió la mala oficina.
La mala oficina era un lugar para hacer lo que podías hacer en tu casa
Filas de escritorios donde cada uno se ponía audífonos para concentrarse. Salas de reunión llenas de gente conectada a videollamadas con otra gente en la sala del lado. Un viaje de una hora para responder correos que podías haber respondido en pijama.
Esa oficina no tenía una razón para existir. La pandemia solo lo dejó en evidencia.
La IA hace que la pregunta sea todavía más urgente
Si un agente de IA puede redactar el informe, ordenar la planilla y preparar la reunión, ¿para qué vamos a la oficina?
Para lo que la IA todavía no hace bien: confiar, decidir juntos, enseñar, crear algo que no existía. Ese trabajo necesita personas en el mismo lugar, y un lugar diseñado para eso.
Tres señales de una buena oficina en la era de la IA
- Tiene más lugares para conversar que para teclear. El trabajo individual se puede hacer en cualquier lado; el encuentro, no.
- Está pensada para lo que pasa en ella, no para cuánta gente cabe. Una oficina que se mide por puestos es una oficina del siglo pasado.
- Hace que valga la pena el viaje. Si la gente no quiere ir, el problema no es la gente.
Entonces, ¿volver o no volver?
La pregunta está mal hecha. La pregunta no es si volver a la oficina. Es si tu oficina es una razón para volver.
Lo que de verdad nos hace volver
Después de tantos años diseñando oficinas, llegué a una conclusión que no tiene nada que ver con muebles ni metros cuadrados: lo que hace que la gente quiera ir a la oficina es la cultura.
Nadie cruza la ciudad por un escritorio. Vamos por las personas: por el café con alguien que te enseña algo, por la conversación que nunca habría pasado en una videollamada, por sentir que somos parte de algo que se está construyendo. La oficina es el lugar donde la cultura se vuelve visible.
Por eso, cuando alguien me pregunta cómo hacer que su equipo vuelva, mi primera respuesta no es sobre diseño. Es otra pregunta: ¿qué va a encontrar tu equipo ahí que no encuentre en su casa?
El espacio puede amplificar una buena cultura. Pero no puede inventar una que no existe.
La buena noticia: la cultura sí se construye. Y, para mí, es la parte más entretenida de dirigir una empresa.